Me tapo los oídos para escuchar abiertamente,
subo el amplificador hasta que nazcan las alas,
puedo sentir el viento en los brazos,
el sonido en un tubo vibrante,
la melodía me hace desaparecer sin dejar de existir,
con los pies en el piso siento el sol y el pasto sobre la silla metálica,
la voz sin aliento pero dulce al oído,
puedo advertir cada acorde en cada sentido,
cada estribillo ácido y dulce al unisono,
los sonidos graves me acarician la espina suavemente,
la voz comienza a recorrer la sangre,
mientras la voz termina de tocar mi garganta como un instrumento...
y ya es muy tarde fui poseída completamente.

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