Casi 22 años y todavía me gusta chapotear en al lluvia,
como si tuviera 5 años y estuviese volviendo del jardín.
feliz, la única que reia en aquella calle con esta lluvia,
aunque la maldije como todo adulto,
el niño y el adolescente en mi es más fuerte,
termine chapoteando y arrastrando los pies para levantar más agua al caminar,
así la tarde termino con una sonrisa inocente de niña y plata mojada en los bolsillos.
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